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DSO y cartera vencida: los indicadores que un CFO lee juntos

El DSO es el indicador que casi todo comité financiero ya tiene en la lámina. Días cartera, días de venta pendientes de cobro: el mismo concepto. Se calcula, en su versión simple, dividiendo las cuentas por cobrar entre las ventas a crédito del periodo y multiplicando por los días de ese periodo. El número dice cuántos días de venta están sentados en el saldo.

Sirve. No alcanza. Un DSO de 55 días puede ser una empresa sana con plazo de 60, o una empresa con plazo de 30 y una bolsa de facturas que nadie está cobrando. Si el CFO solo pregunta “¿bajó el DSO?”, el equipo aprende a mover el indicador sin mover el efectivo. Esta nota es para leerlo junto con la cartera vencida, no en su lugar.

Qué dice el DSO y qué esconde

El DSO mezcla saldo vigente y saldo vencido. También se mueve cuando cambian las ventas, aunque la cobranza no haya mejorado. Un mes flojo de facturación hace que el mismo saldo “parezca” más días. Un mes fuerte lo adelgaza, y el comité celebra un cobro que no ocurrió.

Tampoco distingue al cliente que paga en fecha del cliente que concentra el atraso. Dos carteras con el mismo DSO pueden tener riesgos opuestos: una repartida en muchos saldos chicos y recientes, otra apoyada en tres razones sociales que ya pasaron de 90 días. La segunda es la que deja sin caja el jueves, aunque la lámina se vea igual.

Por eso el DSO es un promedio de temperatura, no un diagnóstico. Úselo para ver la tendencia de varios meses y para compararse contra su propio plazo pactado. Si vende a 45 días y el DSO vive en 80, no necesita un benchmark de otra industria. Necesita abrir la antigüedad.

La antigüedad que sí se puede cobrar

La antigüedad de saldos parte el saldo en cubetas: vigente, 1 a 30 días vencido, 31 a 60, 61 a 90 y más de 90. Los cortes se pueden ajustar a su plazo. Lo que no se puede ajustar es la regla del reloj: la cubeta tiene que usar la fecha en que la factura venció de verdad, no solo la fecha del CFDI, si el contrato corre desde el contra-recibo o la entrada de almacén. Esa distinción está en qué cuenta como cartera vencida.

Sobre esas cubetas, dos cocientes le dicen más que el DSO solo. El porcentaje de cartera vencida: saldo vencido entre saldo total. Y la parte que ya pasó de 90 días, que es donde el efectivo deja de ser una gestión y empieza a ser una duda de recuperación. Ninguno de los dos trae un “número bueno” universal. Se leen contra su propio plazo. Si usted otorga 30 días, cualquier vencido que ya se note en el flujo pide explicación, aunque el DSO se vea aceptable. Si otorga 90 en un sector que paga por estimación, el mismo peso vencido se lee distinto.

Agregue concentración. ¿Qué porcentaje del vencido explican las diez cuentas más grandes? En empresas medianas, pocas razones sociales suelen cargar la mayor parte del atraso. Esa lista es la agenda de la semana. El resto puede seguir en recordatorio. Meter las doscientas cuentas al mismo ritmo es la forma más cara de no cobrar las que importan.

Promesas, disputas y efectivo no son la misma columna

Un error de lectura es contar como “por cobrar esta semana” todo lo que alguien prometió. La promesa sin pago parcial, repetida, no es flujo. Separe en el reporte tres montos: lo que ya está en banco y falta aplicarlo, lo que tiene fecha comprometida por un interlocutor con nombre, y lo que está vencido sin fecha. El DSO no hace esa separación. Su junta semanal sí debería.

Las disputas merecen su propia línea. Una factura rechazada por cantidad, una colegiatura en convenio y una estimación retenida no son “vencidas” en el mismo sentido, aunque el ERP las pinte de rojo. Si las deja dentro del vencido cobrable, el equipo persigue un saldo que no está listo y el porcentaje de recuperación de la gestión se ve peor de lo que es. Si las esconde, el comité cree que la cartera está más sana de lo que está. Márquelas aparte y ponga quién debe resolverlas: operaciones, crédito o el cliente.

Los pagos sin identificar hacen el daño inverso. Dinero en banco que no se aplicó infla la cartera y el DSO. Antes de pedir una campaña de cobranza, concilie. Cobrar un saldo que ya entró es la manera más rápida de perder credibilidad con cuentas por pagar del cliente.

Qué mirar en el comité, y con qué frecuencia

Una lectura útil cabe en una página. DSO de los últimos seis meses, contra el plazo pactado. Porcentaje vencido y porcentaje a más de 90. Las diez cuentas que explican el vencido, con monto, días y siguiente paso. Promesas de la semana pasada que sí cayeron y las que no. No hace falta un modelo más sofisticado para empezar. Hace falta no cambiar la definición a mitad del trimestre para que la gráfica mejore.

La frecuencia depende del ciclo. En transporte, donde el diésel no espera, una mirada semanal al vencido de los clientes grandes evita sorpresas. En colegiaturas, el calendario del ciclo escolar pesa más que la semana. En obra, las estimaciones marcan el ritmo. El indicador se revisa cuando todavía se puede decidir: suspender un embarque, no reinscribir sin convenio, o no surtir el siguiente pedido. Revisarlo cuando el mes ya cerró es contabilidad, no cobranza.

Si quiere una meta, póngala sobre lo que el equipo controla. Por ejemplo: ninguna cuenta nueva entra a más de 60 días sin un motivo escrito y un dueño. O: las promesas rotas se retoman en 48 horas. Una meta de “bajar el DSO cinco días” sin decir cómo se presta a recortar ventas a crédito o a dejar de facturar los últimos días del mes. El indicador baja y la empresa no cobró mejor.

Cuando los indicadores ya confirmaron el problema

Los números no cobran. Sirven para dejar de discutir si “la cartera está más o menos bien”. Si el vencido de más de 90 crece, si las mismas diez cuentas se repiten y si las promesas no se convierten en depósito, la gestión interna ya dio lo que podía dar en esas cuentas. El siguiente paso es decidir cuáles se quedan en casa y cuáles se preparan para una revisión externa.

Esa decisión no sale de un solo indicador. Sale de la antigüedad, de la disputa y de la relación. El listado de errores que más vemos en este manejo —perseguir el DSO, no el efectivo— es un buen contraste antes de cambiar de proceso. Y si ya tiene la lista de cuentas que no se mueven, se puede evaluar sin convertir el reporte en una campaña.

¿El indicador baja y la caja no?

Si la antigüedad ya muestra cuentas que no se mueven, las revisamos sin costo ni compromiso. Le respondemos en un día hábil.

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